viernes, 26 de marzo de 2010

Carta del P. Alvaro Corcuera, LC

¡Venga tu Reino!


Roma, 25 de marzo de 2010
Solemnidad de la Anunciación del Señor
A los miembros y amoigos del Regnum Christi



Muy estimados en Jesucristo:

Tengo la ocasión de enviarles un afectuoso saludo en este día, solemnidad de la Anunciación. Celebramos hoy el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, quien quiso tomar nuestra naturaleza humana para expiar nuestros pecados y abrirnos el camino hacia el Padre. Misterio del amor infinito de Dios. Podía concedernos la redención por caminos más sencillos. Pero eligió el del abatimiento y la humillación de su Hijo, para mostrarnos que, si el misterio de nuestra iniquidad es muy grande, el de su amor misericordioso lo es infinitamente más.

Ya estamos casi a las puertas de la Semana Santa. Dentro de ocho días estaremos entrando en el Triduo Sacro, para acompañar a Jesucristo en esa hora tan escandalosamente incomprensible. La “hora del poder de las tinieblas” (Lc 22,53). La hora de su exaltación en la cruz. La hora, también, de su triunfo y su gloriosa resurrección.

La contemplación de estos misterios inefables nos descubre una presencia sigilosa, materna: María santísima. En Nazaret, en Belén, en el Calvario, María está presente, no como espectadora, sino plenamente inmersa, tomando parte activa en el misterio. María nos invita a entrar, como Ella, aceptando la parte que Cristo quiere asignarnos, porque también nosotros somos co-protagonistas.

Es en este contexto que quisiera presentarles el comunicado que estamos publicando juntamente con esta carta.

1. Como podrán constatar, casi todo su contenido son temas sobre los que, de una u otra manera, ya hemos venido conversando durante más de un año. Lo hemos hecho con algunos de ustedes en particular, con otros en reuniones y encuentros más numerosos. También he procurado en varias ocasiones escribirles a todos, conjuntamente. Hemos orado juntos muchas veces. Sé que también los legionarios y miembros consagrados que les atienden han puesto todo su esfuerzo por estar a su disposición para responder a sus interrogantes e inquietudes en la medida en que los mismos temas se han venido esclareciendo poco a poco.

Ha sido éste un período muy doloroso para todos. Incluso traumático. El repentino desvelarse de algunas facetas de la vida de nuestro fundador que no correspondían para nada a lo que nosotros vivimos a su lado, nos tomó a todos de forma totalmente inesperada. No estábamos preparados para ello. Todos hemos tenido que pasar por un proceso de asimilación gradual, en muchos casos forzosamente lento, requiriendo un acopio inusual de recursos humanos y espirituales, que cada uno ha ido encontrando en la oración, en los diálogos con Jesucristo en la Eucaristía, en la intimidad con la Santísima Virgen, en las conversaciones con los directores, con el orientador moral o con los mismos compañeros de sección, familiares y amigos.

Como es natural, en este proceso de afrontar la realidad histórica y sus consecuencias, cada uno ha seguido un recorrido propio, de acuerdo con su sensibilidad, su trasfondo cultural, su cimentación espiritual. Y es igualmente natural que no todos se encuentren en el mismo punto. Hay quienes, con un auxilio especial de la gracia, pueden dar ya por superado este momento, como también habrá quien necesite aún de tiempo y oración para terminar de procesar y cerrar en su fuero personal este capítulo. Hemos de respetar y de comprender con mucha delicadeza el ritmo de cada uno.

2. En estos días hemos reflexionado sobre todo ello con los padres del consejo general y con los directores territoriales. Todos juntos hemos visto que, una vez leída y asimilada esta página de la vida de la Legión de Cristo y del Regnum Christi, nos toca dar un paso adelante, en lo personal y como institución, para cerrar este capítulo de nuestra historia e iniciar uno nuevo.

Es verdad que todavía estamos a la espera de los resultados de la visita apostólica, cuya fase operativa ha concluido. Indudablemente estamos en disposición de plena apertura y acogida dócil y sobrenatural de todo cuanto el Santo Padre juzgará conveniente indicarnos. Pero mientras llega ese momento, que presumiblemente tardará aún varios meses, queremos, por así decir, ponernos en marcha, reemprender nuestro camino con fe y humildad y relanzarnos a trabajar con todo nuestro ardor en la misión que el Señor nos ha encomendado al servicio de la Iglesia. El comunicado adjunto, además de lo que representa por sí mismo, responde también a este propósito de relanzamiento institucional.

3. Pienso que la contemplación del ejemplo de la Santísima Virgen puede mostrarnos cuáles son las disposiciones que deben acompañarnos en el momento histórico que nos toca vivir. Desde la Anunciación en Nazareth hasta el trance del Calvario, el alma de María se revela llena de fe, de esperanza y de amor teologales. Son las tres virtudes que Dios nos pide cultivar intensamente. Fe, que ilumina el pasado. Esperanza, que nos alienta ante el futuro. Amor, que nos compromete en el presente.

4. Fe, que ilumina el pasado.

¡Cuántos acontecimientos vinieron a trastornar la vida de María, sin que Ella pudiera comprender! Desde el anuncio mismo del ángel, pasando por un sinfín de imprevistos, contratiempos, percances, contrariedades, y al final, el desenlace trágico, ciertamente anunciado, pero igualmente incomprensible, tan contrario a lo que razonablemente cabría esperar del destino de uno que es nada menos que el Hijo de Dios. Ella, ¿qué hacía? ¿cómo reaccionaba?

«Su Madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón» (Lc 2,51). Las meditaba. Desde la fe. Las meditaba sin entender. Las platicaba con Dios, sin pedirle cuentas ni explicaciones. Sencillamente sabía que todo formaba parte de sus designios, que Él sí sabía qué y por qué hacía. Y eso le bastaba. Aunque no entendiera nada. Meditaba todas las cosas, no para quedarse en un lamento estéril ni para compadecerse a sí misma. Para tratar de comprender mejor el plan de Dios. Para pedirle fuerzas para aceptarlo. Y para entregarse dócil, humilde y gozosamente a su realización.

En el Calvario, al pie de la cruz: silencio y oración confiada. Una vez más, no entendía nada. Aquello era tan atroz, tan infamante, tan imposiblemente siniestro. Pero si sus ojos estaban empañados por las lágrimas, y su mente aturdida por el desconcierto, su alma resplandecía de fe. Sabía que Dios estaba cumpliendo sus designios. Y de nuevo respondió: “sí”. Y seguía meditando. Meditaba, creyendo. Creía, confiando.

Pienso que esa es la fe que Dios nos está pidiendo. Quizás nunca llegaremos a comprender el porqué de tantas cosas que han venido a la luz. Ni por qué Dios eligió un instrumento así para poner en pie la Legión de Cristo y el Regnum Christi. ¿Por qué la Legión y el Regnum Christi no podrán presentar la figura del fundador igual que otras congregaciones y movimientos? Dios lo sabe. Hemos de aceptarlo con fe. Y con fe y humildad reconocer que, a pesar del misterio tan grande, Dios es más sabio que nosotros. Una vez más se verifica su advertencia: «Mis caminos no son vuestros caminos» (Is 55,8).

Dios nos pide fe para creer firmemente que «todas las cosas cooperan al bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28), y por tanto, que Él está preparándonos para una efusión de gracia especial. Hemos de confiar en que Él, que ha permitido que las cosas sucedieran así, es suficientemente bueno y poderoso para sacar bienes mayores. En parte ya los vemos. Estoy seguro que veremos muchos más. El Catecismo nos enseña que «con el tiempo, se puede descubrir que Dios, en su providencia todopoderosa, puede sacar un bien de las consecuencias de un mal, incluso moral, causado por sus criaturas», y que «del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres, Dios, por la superabundancia de su gracia (cf Rm 5,20), sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención». Al mismo tiempo nos advierte que «no por esto el mal se convierte en un bien» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 312).

Con fe hemos de descubrir y aceptar que, por encima de todas las vicisitudes que configuran nuestra historia pasada, la Providencia divina es quien realmente dirige nuestro destino. La fe nos ayuda a creerlo de verdad, aunque a veces pueda parecernos que vamos en la dirección equivocada. Y aunque a veces nuestros ojos sólo vean la intervención, con frecuencia torpe, de la libertad humana. Muchos factores han determinado, en este último año, el rumbo que han seguido la Legión y el Movimiento Regnum Christi. Uno de esos factores ha sido la actuación de los directores. Vista desde la perspectiva humana, se podrá juzgar que ha sido más o menos acertada. O desacertada. Repasando en particular mi propia actuación, dada la responsabilidad que me corresponde, puedo asegurarles que en todo momento he intentado proceder con la mayor pureza de intención y la máxima prudencia; he pedido diariamente al Espíritu Santo el don de consejo, que como saben, ilumina y perfecciona la virtud de la prudencia. Me he ayudado del consejo general, de muchos hombres de Iglesia y de ustedes. Hemos buscado tomar cada decisión y dar cada paso en la presencia de Dios y tratando de discernir cómo actuaría Jesucristo. Pero no soy infalible. No sé si he acertado. Seguramente no en todo. Los demás directores habrán podido también cometer alguna equivocación, en medio de innumerables actuaciones atinadas. Pero lo que sí es indudable es que Dios sabe escribir recto sobre renglones torcidos. A pesar de las grandes limitaciones y defectos de los instrumentos, Dios ha guiado nuestra trayectoria en el pasado, y nos seguirá conduciendo en el futuro. La fe de María nos lo asegura.

5. Esperanza, que nos alienta ante el futuro.

María nos da también un ejemplo de esperanza. Ella nunca sucumbió a la tentación de la desconfianza. Hubo momentos terribles en que el futuro parecía no tener salida. Le anunciaron una maternidad virginal, y bien sabía Ella las sospechas que eso podría suscitar. Le anunciaron que debían salir de prisa hacia Egipto, huyendo del odio de Herodes; y es fácil adivinar la incertidumbre y la zozobra que habrán embargado su ánimo. Le anunciaron que una espada traspasaría su alma, y debió soportar muchos años bajo la ansiedad de la profecía que habría de cumplirse. Bajo la cruz de su Hijo escuchó el anuncio de una nueva maternidad universal… Pero Ella aprendió a ponerse, una y otra vez, en las manos de Dios, con una esperanza sin límites. Y Dios no defraudó su esperanza.

Como la Virgen María, también nosotros hemos de mirar el futuro con una gran esperanza en Dios, sin que ninguna tormenta pueda robarnos el optimismo, que es propio de quien sabe, como san Pablo, que nada nos separará del amor de Cristo y que todo lo tenemos por pérdida en comparación con la experiencia del amor de Cristo, único motivo de nuestra existencia.

La confianza sigue a la fe. Si de verdad creemos en Dios, en su Providencia, en su sabiduría y bondad infinitas, no podemos menos que aferrarnos a su mano y poner en Él, solamente en Él, toda nuestra confianza. Nada del futuro puede hacernos temer.

Mirar el futuro con esperanza teologal significa encararlo con un profundo sentido de responsabilidad. Es Dios quien ha querido suscitar la Legión de Cristo y el Regnum Christi, para darle a la Iglesia un grupo de apóstoles que colaboren, con humildad y pasión, en la gran misión evangelizadora. Él no nos va a abandonar. No nos va a defraudar. Sólo nos pide santidad de vida, coherencia y responsabilidad, para no defraudarle a Él, a la Iglesia, a la sociedad y a las almas.

6. Amor, que nos compromete en el presente.

María no sólo creía y esperaba. Sobre todo amaba a Dios. Por amor aceptó en todo momento su voluntad santísima, y se entregó a cumplirla diligentemente, sin pensar en sí misma, en su comodidad, en su fama, en su bienestar. Sólo le importaba amar a Dios y cumplir su voluntad.

Es el compromiso que Dios nos pide también a nosotros en esta hora. Si la fe nos hace ver que todo contribuye para el bien de los que aman a Dios, hemos de amar más, hemos de amar sin límites. Y veremos cuánto bien pondrá Dios en este mundo. Esto es lo que Él nos pide. No limitar ni rebajar nuestro amor. Foguearlo más y más cada día en la oración. Que este sea uno de nuestros principales propósitos: ser hombres y mujeres de oración, de una profunda vida interior.

Por amor seguimos sirviendo a la Iglesia. Desinteresadamente. No por el beneficio que nos reporta.

Por amor seguimos haciendo vida el carisma tan hermoso y fecundo que Dios ha querido regalarnos. Por amor buscamos hacerlo fructificar. Por amor lo queremos compartir para que muchas otras personas se enriquezcan espiritualmente con los dones que de Él hemos recibido y así lleguemos a la meta final de nuestras vidas: el cielo.
Por amor, seguimos caminando juntos, apoyándonos, brindándonos comprensión unos a otros. Por amor buscamos reforzar aún más la unidad y el espíritu de familia, este tesoro sin precio que tanta paz y serenidad infunde en nuestras comunidades y equipos.

Por amor, seguimos al lado de todos nuestros compañeros del Regnum Christi, de nuestros amigos, familiares, bienhechores y de cuantos Dios pone en nuestro camino, para que todos encuentren en nosotros los cireneos que les ayuden a cargar su cruz en el seguimiento de Jesucristo.

7. Queridos amigos y miembros del Regnum Christi, les invito a llevar ante la presencia de Jesucristo en la Eucaristía estas consideraciones, fruto de largas y profundas reflexiones que hemos hecho junto con los miembros del consejo general y los directores territoriales. Y allí, de la mano de la Santísima Virgen, meditar estas cosas, renovar nuestro “sí”, hoy más lúcido, más coherente, más sufrido; también más gozoso. Y pedirle que a todos nos conceda, como a María, la gracia de aceptar con fe luminosa sus designios, de mirar con esperanza inquebrantable hacia el futuro, y de comprometernos a vivir en la caridad en cada momento presente.

Muy unidos en la oración y en la misión común encomendada, quedo de todos ustedes, afmo. servidor en Jesucristo,


P. Álvaro Corcuera, L.C.

Comunicado de la Legión de Cristo

¡Venga tu Reino!
Legionarios de Cristo y Regnum Christi

Les mando un muy cordial saludo muy unido a mis oraciones. Les dejo este comunicado de la Legión de Cristo para todos los miembros del Regnum Christi y amigos. Les invito a reflexionarlo muy detalladamente junto con la carta del P. Alvaro Corcuera, LC nuestro director general, que escribió para presentar y dar luz sobre este comunicado. Esta carta la pueden encontrar un poco más arriba. Les invito a seguir orando y ofreciendo sacrificios por esta gran obra de Dios. Que Dios los bendiga mucho y los acompañe.



¡Venga tu Reino!


25 de marzo de 2010

Solemnidad de la Anunciación del Señor


Introducción

Con ocasión de la reunión anual de los directores territoriales con el director general y su consejo, queremos dirigirnos a nuestros hermanos legionarios de Cristo, a los consagrados y a todos miembros del Movimiento Regnum Christi, familiares y amigos que nos acompañan en este momento de nuestra historia, así como a todos aquellos que han sido afectados, heridos o escandalizados por las acciones reprobables de nuestro fundador, el P. Marcial Maciel Degollado, L.C.

Nos ha llevado tiempo asimilar estos hechos de su vida. Para muchos –sobre todo para las víctimas– este tiempo ha sido demasiado largo y doloroso.

En ocasiones no hemos podido o sabido salir al paso de todos como hubiera sido necesario y como, de hecho, era nuestro deseo. Por eso sentimos la necesidad de emitir este comunicado.

1. Acerca de algunos hechos de la vida de nuestro fundador, el P. Marcial Maciel, L.C. (1920-2008)

Habíamos pensado y esperado que las acusaciones presentadas contra nuestro fundador fuesen falsas e infundadas, pues no correspondían a la experiencia que teníamos de su persona y de su obra. Sin embargo, el 19 de mayo de 2006 fue emitida una comunicación de la Sala de Prensa de la Santa Sede como conclusión de la investigación canónica que la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) había iniciado en el año 2004. En ese entonces, la CDF llegó a una certeza moral suficiente para imponer sanciones canónicas graves, correspondientes a las acusaciones hechas en contra del P. Maciel, entre las cuales se incluían actos de abuso sexual a seminaristas menores. Por lo tanto, profundamente consternados debemos decir que estos hechos sucedieron.

En efecto, «la Congregación para la Doctrina de la Fe, […] decidió –teniendo en cuenta tanto la edad avanzada del padre Maciel, como su delicada salud– renunciar a un proceso canónico e invitar al padre a una vida reservada de oración y de penitencia, renunciando a todo ministerio público. El Santo Padre aprobó estas decisiones» (Comunicado de la Sala de Prensa de la Santa Sede, 19 de mayo de 2006).

Posteriormente supimos que había tenido una hija en el contexto de una relación prolongada y estable con una mujer y otras conductas graves. Más adelante aparecieron otras dos personas, hermanos entre sí, que afirman ser hijos suyos, fruto de la relación con otra mujer.

Reprobamos éstos y todos los actos contrarios a los deberes de cristiano, religioso y sacerdote en la vida del P. Maciel, y afirmamos que no corresponden a lo que nos esforzamos por vivir en la Legión de Cristo y en el Movimiento Regnum Christi.

2. La Legión de Cristo y el Movimiento Regnum Christi ante estos hechos

Expresamos, una vez más, nuestro dolor y pesar a todas y cada una de las personas que hayan sido dañadas por las acciones de nuestro fundador.

Participamos del sufrimiento que este escándalo ha causado a la Iglesia y nos aflige y apena profundamente.

Queremos pedir perdón a todas aquellas personas que lo acusaron en el pasado y a quienes no se dio crédito o no se supo escuchar pues en su momento no podíamos imaginarnos estos comportamientos. Si resultase que ha habido alguna colaboración culpable, actuaremos según los principios de la justicia y caridad cristianas responsabilizando de sus hechos a estas personas.

Asimismo, pedimos perdón a nuestros familiares, amigos, bienhechores y a todas las personas de buena voluntad que hayan sentido que su confianza ha sido herida.

Por otra parte, como miembros del cuerpo místico de Cristo sentimos la necesidad de expiar con espíritu cristiano sus faltas y el escándalo por ellas causado. Para ello invitamos a quienes forman parte de nuestra familia religiosa a intensificar su oración y sacrificio.

Es también nuestro deber cristiano y sacerdotal seguir saliendo al paso de las personas que han sido afectadas de algún modo. A ellos va nuestra mayor solicitud y les seguimos ofreciendo la ayuda espiritual y pastoral que necesiten. Así buscamos contribuir a la necesaria reconciliación cristiana. Al mismo tiempo somos conscientes de que Jesucristo es el único capaz de sanar definitivamente y de «hacer nuevas todas las cosas» (cf. Ap 21,5).

Dios en sus misteriosos designios eligió al P. Maciel como instrumento para fundar la Legión de Cristo y el Movimiento Regnum Christi, y agradecemos a Dios el bien que realizó. A la vez aceptamos con dolor que, ante la gravedad de sus faltas, no podemos mirar su persona como modelo de vida cristiana o sacerdotal.

Inspirándonos en el ejemplo de Cristo que condena el pecado pero busca salvar al pecador, y convencidos del significado y la belleza del perdón, encomendamos a nuestro fundador al amor misericordioso de Dios.

3. La Visita Apostólica

Deseamos expresar nuestra gratitud al Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, no sólo por renovarnos «su solidaridad y su plegaria en estos momentos delicados» (cf. Carta del Cardenal Tarcisio Bertone, SDB, al P. Álvaro Corcuera, 10 de marzo de 2009) sino también por habernos ofrecido el instrumento de la Visita Apostólica para ayudarnos a «superar las dificultades existentes» (ibid.). Así esperamos dar los pasos necesarios para consolidar los fundamentos, la formación y la vida cotidiana de los legionarios de Cristo y de los miembros del Movimiento Regnum Christi.

Agradecemos a los cinco visitadores apostólicos, Mons. Ricardo Blázquez, Mons. Charles J. Chaput, OFM Cap., Mons. Ricardo Ezzatti, SDB, Mons. Giuseppe Versaldi y Mons. Ricardo Watty, MSpS, todo el trabajo que han realizado con tanta entrega y solicitud paternas.

Acogeremos con obediencia filial las indicaciones y recomendaciones del Santo Padre que resulten de la Visita Apostólica y nos comprometemos a ponerlas en práctica.

4. Hacia el futuro

Desde el Capítulo General celebrado en enero de 2005, cuando fue elegido el P. Álvaro Corcuera, L.C., como director general, hemos procurado guiar la Legión de Cristo y el Regnum Christi manteniéndonos fieles a todo lo que hemos recibido de Dios y ha sido aprobado por la Iglesia. Reconocemos con humilde gratitud las bendiciones y frutos que el Señor nos ha concedido hasta ahora y asumimos la responsabilidad de profundizar en la comprensión de nuestra historia, carisma y espiritualidad.

Afrontamos el futuro con esperanza, seguros de que nuestras vidas se apoyan únicamente en Dios. Confiamos plenamente en Él y en la omnipotencia de su amor que, como dice san Pablo, «hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman» (Rm 8,28). Sabemos que en este camino contaremos con la asistencia del Espíritu Santo y con la guía materna de la Iglesia.

Nuestro objetivo, como individuos y como institución, es amar a Cristo, vivir su evangelio y extender por el mundo su Reino de paz y de amor. Somos conscientes de que, para lograr esto, necesitamos una constante renovación, personal y comunitaria, en fidelidad a la tradición de la vida consagrada, con el fin de servir mejor a la Iglesia y a la sociedad. Este último periodo nos ha ayudado a reflexionar sobre nuestra identidad y misión y, al mismo tiempo, nos ha impulsado a revisar con humildad y sencillez diversos aspectos de nuestra vida institucional.

Estamos decididos, entre otras cosas, a:

- seguir buscando la reconciliación y el encuentro con quienes han sufrido,

- hacer la verdad sobre nuestra historia,

- continuar ofreciendo seguridad, sobre todo para menores de edad, en nuestras instituciones y actividades tanto en ambientes como en procedimientos,

- crecer en un espíritu de servicio desinteresado a la Iglesia y a las personas,

- colaborar mejor con todos los pastores y con otras instituciones dentro de la Iglesia,

- mejorar nuestra comunicación,

- seguir velando por la aplicación de los controles y procedimientos administrativos a todos los niveles y seguir actuando un adecuado rendimiento de cuentas,

- redoblar nuestro empeño en la misión de ofrecer el evangelio de Jesucristo al mayor número posible de hombres,

- y, sobre todo, buscar la santidad de vida con renovado esfuerzo de la mano de la Iglesia
Conclusión

No podemos terminar este comunicado sin agradecer a los miles de legionarios, consagrados, consagradas y todos los miembros del Regnum Christi que con profunda generosidad han entregado y entregan sus vidas a Dios en el servicio de la Iglesia y de la sociedad, así como a aquellos que colaboran en los centros y obras de apostolado. Gracias a ellos y a su labor, podemos decir que Jesucristo es hoy más conocido y amado en este mundo. Asimismo expresamos nuestra gratitud a cada una de las personas que en todo momento nos han sostenido con su fe, sus oraciones y su sufrimiento, unido al de Cristo.

Firmamos este comunicado hoy, día 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor. Que Él nos conceda, por intercesión de su Madre, la Santísima Virgen María, la gracia de profundizar en el misterio del Amor de Dios hecho hombre y de vivirlo y transmitirlo con renovado fervor.


P. Álvaro Corcuera, L.C., director general

P. Luis Garza, L.C., vicario general

P. Francisco Mateos, L.C., consejero general

P. Michael Ryan, L.C., consejero general

P. Joseph Burtka, L.C., consejero general

P. Evaristo Sada, L.C., secretario general

P. José Cárdenas, L.C., director territorial de Chile y Argentina

P. José Manuel Otaolaurruchi, L.C., director territorial de Venezuela y Colombia

P. Manuel Aromir, L.C., director territorial de Brasil

P. Rodolfo Mayagoitia, L.C., director territorial de México y Centroamérica

P. Leonardo Núñez, L.C., director territorial de Monterrey

P. Scott Reilly, L.C., director territorial de Atlanta

P. Julio Martí, L.C., director territorial de Nueva York

P. Jesús María Delgado, L.C., director territorial de España

P. Jacobo Muñoz, L.C., director territorial de Francia e Irlanda

P. Sylvester Heereman, L.C., director territorial de Alemania y centro Europa

sábado, 20 de marzo de 2010

Megamisiones 2010

¡Venga tu Reino!

Fuego, Color, Juventud, y Familia Misionera.

Legionarios de Cristo y Regnum Christi

Les envío un muy cordial saludo. Les animo a participara en las misiones de Semana Santa, para poder vivir esta semana de una forma especial y cercana a Jesucristo N.S. Además de que podemos hacer llegar esa luz de Cristo a gente que tal vez no ha tenido la gracia de recibirla.

Contacta toda la información necesaria para incribirte en la página web: http://www.demisiones.org/. Les dejo igual aquí dos videos promocionales de estas misiones. Espero que les gusten. El primero se llama "Luz de Fe" y el segundo se llama "Luz Estelar". Espero que todos podamos asistir a las Megamisiones. Que Dios los bendiga.

Afmo. en Cristo y el Movimiento,
RCF

martes, 16 de marzo de 2010

Concluye la Visita Apostólico: "Inicia una Nueva Etapa"

¡Venga tu Reino!
Legionarios de Cristo y Regnum Christi

Ayer lunes 15 de marzo acabó la Visita Apostólica que Su Santidad Benedicto XVI inició para la congregación de los Legionarios de Cristo. La carta donde el Card. Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, explica al P. Alvaro Corcuera, LC los deseos del Papa se puede encontrar aquí.

Los cinco visitadores que iniciaron su trabajo el pasado 15 de julio fueron Charles Joseph Chaput, arzobispo de Denver (EEUU), Ricardo Watty Urquidi, obispo de Tepic (México), Ricardo Ezzatti, arzobispo de Concepción (Chile), Giuseppe Versaldi, obispo de Alessandria (Italia) y Ricardo Blázquez Pérez, obispo de Bilbao (España), quien el sábado pasado fue nombrado arzobispo de Valladolid (España).


A lo largo de los últimos ocho meses los obispos han visitado las más de 120 comunidades legionarias en todo el mundo donde los sacerdotes y religiosos tuvieron la oportunidad de entrevistarse individualmente con ellos para contestar sus preguntas y expresar con plena libertad sus observaciones y sugerencias sobre la vida comunitaria y el trabajo que realizan en los apostolados que dirige y asesora la Congregación.

Habiendo concluido esta primera fase de la visita apostólica, los obispos deben finalizar sus informes escritos y hacerlos llegar a la Santa Sede donde serán estudiados y evaluados. Tomando en cuenta el extenso trabajo realizado por los visitadores y tratándose de cinco informes individuales redactados en diversos idiomas, esta nueva etapa de la visita apostólica posiblemente llevará varios meses y podría implicar ulteriores intercambios entre la Santa Sede y los visitadores antes de que el Papa Benedicto XVI dé las indicaciones que considere oportunas y necesarias.

Como Legión de Cristo debemos esperar con paciencia en un espíritu de oración a que la Santa Sede determine el resultado, que seguramente será el mejor para la extensión del Reino de Cristo entreo los hombres. La Legión y el MRC son obras de Dios que subsistirán cualquier problema y sólo se fortalecerán con ellos. Pidámosle mucho a Dios N.S. que nos de la gracia de seguirle sirviendo y de que le Regnum Christi siga siendo un medio de apostolado eficaz como lo ha sido hasta ahora.
 
En una entrevista con la agencia Notimex del pasado 4 de marzo, el vocero de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, explicó al respecto: «Una cosa es que concluya la labor de los visitadores y otra publicar los resultados. Se requiere tiempo, se debe definir si la información es suficiente, si es necesario solicitar un suplemento de investigación. No esperaría tiempos breves para la decisión definitiva».


Pedimos a todos nuestros lectores y amigos que sigan acompañando a los visitadores, a las autoridades de la Santa Sede y a todos los Legionarios de Cristo con sus oraciones.

lunes, 15 de marzo de 2010

"Por sus Frutos los Conoceréis"

¡Venga tu Reino!

Legionarios de Cristo y Regnum Christi

El siguiente escrito fue publicado por la página web: www.yoinfluyo.com, en este se expresa y exhorta a los medios de comunicación a tratar todos los temas con caridad y justicia cristiana. Es de vital importancia igual apegarse a la verdad: Caritas in Veritatae. Ojalá sea de su agrado y seguimos pidiendo por sus oraciones.


La polémica que se ha levantado en torno a los Legionarios de Cristo y su fundador es mucho más compleja de lo que se ha ilustrado en la mayoría de los medios de comunicación. Venidos a jueces, muchos informadores asumen un rol que, lejos de ayudarles a cumplir su cometido de servir a la verdad, los convierte en defensores de lo políticamente correcto.

El día 3 de marzo pasado, la afamada periodista Carmen Aristegui entrevistó a personas que se decían descendientes del sacerdote fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. El efecto en los medios de comunicación fue impresionante: cientos de notas se publicaron en torno al caso, noticiarios de radio y televisión dieron cuenta del hecho. Todos querían opinar.

La postura editorial coincidía: así sin más, calificaban a Marcial Maciel de pederasta. Por ejemplo, el periodista José Cárdenas, para promover su columna en Twitter, decía: “Maciel, una mente retorcida al servicio de Dios”. En la izquierda dicen que la Iglesia Católica es una “madriguera de lobos que violan a sus propias ovejas”.

¿Qué es todo ello, sino muestras del prejuicio y la falta de investigación periodística? ¿Qué otra cosa puede ser, sino adicción al rumor y al enjuiciamiento que no diferencia la realidad?

Lo cierto es que este ejemplo ilustra muy claramente un riesgo que permanentemente corremos los medios de información: desapegarse de los hechos, de la verdad, para difundir mensajes que no tienen relación con aquéllos.

La ética, entendida de diferentes formas en el periodismo, no puede anclarse en los hechos escandalosos, en la coyuntura y mucho menos en la malicia de la calumnia y la difamación.

Juzgar al padre Maciel sin tener los elementos y evidencias para hacerlo es sinónimo de deshonestidad informativa, tentación en la que han caído medios y periodistas. Los diarios El Universal, La Jornada y Milenio, entre otros, asumieron una posición intransigente frente a este tema, fueron eco de la entrevista de Aristegui, pero no mostraron más evidencias que su indignación.

Sería positivo, en el afán de lograr nuestra transición democrática, que su compromiso informativo prescindiera del morbo y el escándalo, de las componendas y tramas políticas infructuosas, para ponerse al servicio de una sociedad que reclama y requiere un trabajo periodístico serio, que se diferencie de convencionalismos anacrónicos.

La visita apostólica que realiza la Santa Sede a los Legionarios de Cristo arrojará resultados muy pronto. ¿Por qué no esperar a que sea la propia Iglesia Católica, -de la que reniegan tanto Ciro Gómez Leyva, Ricardo Alemán, Ricardo Raphael, Julio Hernández, Carlos Marín, Carlos Loret de Mola, entre otros- la que presente las evidencias que halló?

La Iglesia Católica, por su parte, ha tenido un manejo de la situación ejemplar. No da lugar a rumores ni a habladurías. Quienes caen en ello, lo hacen por su cuenta, por iniciativa propia.

Algo de prudencia debían aprender de la Iglesia Católica los medios de información. El manejo del caso, la claridad con la que se ha tratado, la disposición a enfrentar la problemática sin rodeos es la muestra de que la institución es consciente de la situación y de los testimonios, tanto que busca encontrar la verdad en todo esto.

En breve conoceremos la postura de la Iglesia Católica en torno al tema. Sin embargo, no deja de sorprender que los Legionarios de Cristo sigan obteniendo frutos: ordenando sacerdotes, reclutando seminaristas, con sus escuelas e instituciones más firmes que siempre, todo al servicio de la comunidad y la causa católica. No queda duda, la máxima evangélica es clara y contundente: “por sus frutos los conoceréis”.

viernes, 12 de marzo de 2010

Carta P. José Antonio Fortea

¡Venga tu Reino!

Legionarios de Cristo y Movimiento Regnum Christi

Hace algún tiempo, envíe una carta a una mujer consagrada en Regnum Christi. Después de cierta meditación, he pensado que la misma carta sería de utilidad a más personas, dentro y fuera de la Legión de Cristo. Ofrezco ahora el texto de esa carta, habiendo extraído de ella toda indicación que permitiera identificar a la destinataria. Espero que hacer público el contenido de esta misiva, dé paz a muchas personas dentro de la Legión y esclarezca las dudas de personas ajenas a ella.


Estimada Ana (el nombre es ficticio):

He estado dando conferencias en varios lugares del mundo y no tenía tiempo para responder a su pregunta con la calma que ésta merecía. Y digo “que esta merecía”, porque las cuestiones que me planteaba en su escrito, eran cuestiones muy importantes.

(Aquí hay una parte acerca de unas dudas más personales de Ana, que he preferido omitir.)

Antes de seguir con esta carta y abordar la segunda parte de su consulta, quisiera dejar claro que no pertenezco ni a los Legionarios de Cristo, ni a Regnum Christi, y que la espiritualidad de la Legión me es totalmente ajena. Soy un sacerdote diocesano, que siempre he sentido inclinación por la vida benedictina. Nunca he sentido la más mínima atracción por la espiritualidad de la Legión. Por eso mis palabras vienen dictadas sólo por amor a la verdad, sin que en mí influya ninguna consideración humana. Tampoco espero ningún tipo de agradecimiento por lo que le voy a decir. Mi relación con la Legión se limita cada año a dar algunas conferencias a miembros de Regnum Christi, como lo hago con otros movimientos. Dada mi vocación ni espero, ni puedo esperar, en la Legión ir más allá de lo que ya hago. Queden estas palabras claras desde el principio para que se vea que lo que voy a decir lo digo desde fuera de la Legión. Hablo desde fuera, pero desde el conocimiento. Dudo que en la Iglesia haya alguien que sin ser legionario, haya visitado tantas casas y tantos padres de su congregación como yo lo he hecho año tras año.

Entiendo a la perfección el gran sufrimiento que una situación así les haya causado. Pero tal como veo las cosas, el padre Maciel recibió de Dios el encargo de fundar los Legionarios de Cristo, aunque después no perseverara en cumplir sus votos. Vuestro padre recibió un encargo de Dios, pues la obra que surgió de él, no fue una obra humana. Sin Dios detrás, todo hubiera quedado en un deseo, en un intento, como tantos que hay en la Iglesia. Cada año cosas así se intentan cientos de veces a lo largo y ancho del mundo. Pero la inmensa mayoría de esos intentos vuelven a la nada o no van más allá de la formación de un grupo de unas decenas de personas. El modo en que Dios ha bendecido la Legión ha sido la admiración y la envidia hasta de sus más acerbos enemigos.

En mi opinión, el padre Maciel comenzó con buena intención, con fe, con vida estricta y entrega personal. Los comienzos de la Legión fueron muy duros. Pero después cayó en sus pasiones, tras algún tiempo fue vencido por ellas, finalmente se desanimó y dejó de luchar. Pero la obra ya había echado a rodar, ya andaba por sí misma.

No entiendo el caso de X (un familiar) legionario que se ha salido de la Legión por esta razón de los pecados del fundador. En mis viajes me han comentado de más casos de personas consagradas que se han salido del movimiento por esta misma razón. Jamás podré entenderlo. Uno se consagra a Dios, no a una persona.

Si mi obispo fuera un hombre perverso, mentiroso y lujurioso, ¿dejaría yo mi sacerdocio diocesano?

La consagración es algo sagrado. Es un vínculo con Dios. Es una fuente de santificación diaria para el alma que de este modo queda conectada con la Santísima Trinidad de un modo, diríamos, matrimonial. Las personas de los escalafones jerárquicos no son nada frente a Dios. Para un consagrado, Dios lo es todo.

Sé del caso de un padre en España que fue a buscar a su hijo a un seminario de los legionarios para llevárselo a casa. El hijo, en medio de las malas noticias sobre el fundador, en plena zozobra, hizo las maletas y se fue con su padre. Conozco al padre y al hijo, y ni los disculpo, ni los excuso. Hay muchas razones para marcharse de un seminario, pero ésta no es una de ellas. ¿Tan poco conocía a Nuestro Redentor el padre que era de comunión diaria? Mis palabras pueden parecer duras, pero en el Juicio Final su acción será enjuiciada desde la eternidad, y sus razones humanas serán vistas desde su vacuidad.

Yo fui a estudiar Teología a la Universidad de Navarra porque un sacerdote de la Prelatura del Opus Dei así me lo aconsejó. Pero eso fue una causa instrumental. Fui a Navarra porque escuché la voz de Jesús. Fui, me quedé y perseveré por una sola razón: Dios y la eternidad. Los humanos que me acompañaron en este viaje de mi vida que ha sido mi sacerdocio, han sido sólo eso: compañeros.

No me he quedado en mi puesto de mi parroquia por ningún obispo, ni por ningún santo, ni por las razones de ninguna obra teológica, ni porque me encontrara a gusto. Si me he quedado en mi parroquia, ha sido porque escuché la voz del Redentor que me pidió que me consagrara a Él. No escuché nunca ninguna palabra audible, no tuve ninguna visión, ninguna revelación. Pero cuando uno se consagra enteramente, su voz resuena de un modo inaudible pero perfecto. Y eso sucede en cada consagrado si hace el silencio dentro de su alma y escucha la voz de la Divinidad. Frente a una cosa tan maravillosa, tan prodigiosa, los pecados del padre Maciel no significan nada, no son nada, no cambian nada.

En mi opinión, la Legión ha sido extraordinariamente bendecida por Dios. No ha sido menos bendecida de lo que lo fue Abraham, Isaac o Jacob. Sus rebaños se extienden por todo el orbe. Frente a una situación de grandeza tan evidente, Dios ha permitido la prueba, la cruz, el sufrimiento, la humillación, la vergüenza. Se trata de una purificación. Dios bendice con la cruz. Y la Legión ha sido bendecida con la cruz.

Confío en que mis palabras le hayan podido servir a usted y a sus hermanas de algo.

Que Dios le bendiga.

P. José Antonio Fortea

Exorcista

jueves, 11 de marzo de 2010

Plática P. Evaristo Sada, LC en el EJyF 2010 a los miembros del RC

¡Venga tu Reino!
¿Cómo Caminar sobre el Agua sin Hundirse?

México, 20 de febrero de 2010. En el marco del Encuentro de Juventud y Familia que se lleva a cabo en la Ciudad de México, el P. Evaristo Sada, L.C., secretario general de la Congregación de los Legionarios de Cristo y del Regnum Christi, ofreció la siguiente plática donde comenta su experiencia sacerdotal durante este momento concreto en que atraviesa la Legión de Cristo. Semejantes intervenciones han sido impartidas ya por el padre en otros lugares.



Agradezco mucho a la Sra. Inmaculée Llibagiza su testimonio. Nos ha dado una grande y hermosa lección de fe y misericordia. Cuando uno escucha cosas así, cuando ve a las personas con tanto sufrimiento físico y moral en lugares como Haití, uno dice: realmente, lo que yo he sufrido es relativo.

Estamos en el año sacerdotal, me pidieron un testimonio que afrontara el tema del sacerdocio y de cómo estoy viviendo la situación actual de la Legión de Cristo y el Regnum Christi. Preparando el testimonio fui a que me cortaran el pelo. El hermano peluquero se extrañó y me preguntó: Padre ¿de verdad lo necesita? Le expliqué que es un recurso sicológico para mantener la autoestima…: aún me cortan el pelo. Mientras él hacía ruido con las tijeras como si estuviera cortando algo, me encontré delante esta pintura de Rembrandt (Jesús que calma la tormenta) y dije: esto me sirve, allí está todo.

Pero antes de comentar la pintura, voy a leerles una escena de la vida de Cristo que sucedió también en una barca.

Mt 14,22-34

Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy yo; no temáis». Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas». «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!» Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» Subieron a la barca y amainó el viento. Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios». Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. (Mt 14,22-34)



Este pasaje refleja muy bien la vocación sacerdotal. Normalmente el sacerdote escucha las confidencias de las personas. Hoy un sacerdote les va a abrir su intimidad. Más que dar doctrina y consejos, creo que es mejor abrir el corazón y compartir la propia experiencia de vida. Lo hago porque me siento en familia con ustedes.





El sacerdocio encierra un misterio.



Jesús está sobre el agua y le dice a Pedro: “Ven”. Es un eco de aquél: “Ven y sígueme”. Ir hacia Jesús significa ser su discípulo. Ser como Él. Hacer las cosas que Él hace. En este caso significa caminar sobre agua. Jesús pide a Pedro algo sobrehumano. Pedro dudó. Claro que dudó, pero no de Jesús, sino de sí mismo. Como sacerdote conoces tu miseria y tus limitaciones. Eres un hombre como los demás. Cristo espera de ti que seas como Él, que le representes. Las personas esperan de ti que seas como Cristo. Y tú sabes bien que eso te desborda, te excede. Las personas vienen a ti para conocer la voz de Dios, para recibir el perdón de Jesús. No puedes defraudarlos. Tienes que aprender a convivir con esta paradoja en tu interior y en tu conciencia. Caminar sobre las aguas sin hundirte. Pasas a ser parte de ese misterio en el que siempre has creído y delante del cual te has arrodillado toda tu vida. El sacerdocio es algo grande, encierra un misterio de amistad y de confianza entre Dios y ese hombre que él eligió.

La vocación sacerdotal está llena de contrastes:

En algunos lugares vas por la calle y te escupen, algunas veces te desprecian. A la vuelta de la esquina te dicen: “Padre, usted es Cristo en persona para mí”.


- Te levantas sintiéndote muy limitado, sin capacidad para tantas cosas. Y a los pocos minutos estás celebrando misa y diciendo: “Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros”. Y más tarde: “Yo te absuelvo de tus pecados…”.



- Conoces tu miseria y que no eres siempre virtuoso. Y a la vez debes predicar el evangelio aunque a veces tú lo vives de manera tan imperfecta.



- Estás emocionalmente deshecho por dentro, y tienes que consolar y sostener a los demás.



- No tienes fuerzas, sientes que no puedes. Y tienes que dar testimonio de que la fortaleza viene de la fe.



- Estás humanamente solo, o te parece que Dios se te ha escondido. Y debes acompañar a las almas y asegurarles que la estrella está allí aunque no la vean.



- Experimentas una necesidad urgente de soledad, de más oración y tu ministerio no te lo permite. La gente está hambrienta y tú tienes que llevarles pan. No tienes tiempo…



Y en medio de estos contrastes experimentas la fuerza de Dios, ves que Él obtiene frutos que son desproporcionados a tus posibilidades. Una y otra vez constatas con toda claridad: Dios actuó, se valió de mí, pero eso no es mío. Y nosotros creemos: eso no es obra de un hombre, es obra de Dios. Te sientes como ese barro con el que Jesús curó al ciego. Barro hecho con saliva y tierra.



El sacerdocio es felicidad



Todo esto es duro. Pero no tiene precio saber que sin merecerlo eres amigo de Dios. Que Él pensó en ti. Que te tiene tanta confianza. Cuando entras al confesonario, constatas la debilidad y miseria del ser humano, y te das cuenta de cómo Jesús toma posesión de tus sentimientos y sientes verdadera compasión y misericordia, y le transmites como puedes el gran amor que Dios le tiene. Y las personas se van liberadas, en paz. Absuelves a un moribundo y después de darle los sacramentos muere en tus brazos. Abrazas a un joven sin esperanza, o miras a una chica deprimida y encuentra en tu mirada y en tu actitud que Dios la ama así como es.



En un viaje de avión se sentó junto a mí un hombre que me dijo que era pensador y que tenía interés en compartir conmigo su filosofía de la vida. Comenzó narrando lo que para él había sido el inicio del universo: “Todo comenzó con una gran energía que explotó y de allí se produjo el universo, los astros, la tierra, los animales, el hombre… Pero la energía se detuvo ante el ser humano, pues resultó con libertad y la libertad no podía violentarla”. Una vez que desentrañó su teoría le dije que yo pensaba un poco como él… Que yo creía que efectivamente el universo había comenzado por una gran explosión, una explosión de amor: el amor de Dios se desbordó y por amor creó el universo, los astros, la tierra, toda la creación, y el ser humano. Al hombre lo amó tanto que lo hizo a su imagen y semejanza: lo hizo libre. Y al hacerlo libre lo respetó y esperó de él que le reconociera como su Creador y le diera una respuesta de amor al Amor con que Él lo había creado. Le pregunté si él hablaba con la energía. Me respondió que no, que la energía merecía respeto. Yo le dije que a lo que él llamaba energía, para mí es un Padre. Y como un hijo habla con su padre, así hablaba yo con Él. Y ese era el trato que teníamos entre nosotros, de Padre a hijo, de hijo a Padre. A lo largo del día me acordaba de Él, le pedía consejo, le ofrecía mi trabajo, y Él estaba siempre presente, a mi lado, tratándome con ese mismo amor y misericordia con que me había creado. En ese momento mi compañero de viaje me dijo: “Padre, me interesa su enfoque”. Efectivamente, nuestra relación con Dios depende de quién y cómo es Él para nosotros. Y es maravilloso poder compartir con otros que Dios es Padre y que te ama.



La Santa Sede ha promovido en el año sacerdotal que las personas adopten espiritualmente a los sacerdotes, ofreciendo sus oraciones y sacrificios por ellos: a mí me adoptaron varias personas. Abigail, una niña de Kansas de 8 años, me escribió diciendo que cuando se cepilla el cabello y se tropieza con un nudo le duele mucho, pero lo ofrece por mi sacerdocio. Celerino, un hombre ciego muy pobrecito que pasó los últimos 12 años de su vida en cama; Magdalena su esposa me dijo que él ofrecía sus oraciones y sacrificios para acompañarme cuando anduviera por el mundo predicando el amor de Dios. Acaba de morir. Ahora está con Dios. Me decía: “Ya quiero morir, porque allá arriba sí veré bonito”. La Sra. Susana que tiene cáncer y antes de entrar al quirófano me avisa que lo ofrece por mi sacerdocio. Varias de mis hermanas consagradas que este año han querido adoptarme. Se lo agradezco de todo corazón.





La tempestad en el mar de Galilea y en nuestra vida



Este año ha sido muy difícil, se nos han juntado muchas cosas: la crisis económica, los graves desórdenes de la vida de nuestro fundador y cada uno conoce sus sufrimientos en su vida matrimonial, familiar, laboral… Al inicio mencioné la pintura de Rembrandt que tenía delante cuando me cortaron el pelo. Aquí la tienen. Este cuadro representa la tempestad calmada en el mar de Galilea. Vean los personajes: Uno se ha mareado y está echando todo para fuera. Otro está orando. Otros dos están reclamándole a Jesús. ¿Qué está pasando? ¿Cómo permitiste esto? Adelante hay un grupo partiéndose la cara por salir adelante. Uno está “esperando” y acusa a los demás de luchar como si nada pasara. Estos le preguntan qué está esperando como si en la santidad y en la misión se pudieran hacer pausas. Unos a otros se dicen: “Es que no me entiendes”. Los de adelante le gritan al de la náusea que venga a ayudarles; y el otro responde: “es que no puedo”. Otro mirando, reclamando, culpando, quejándose y diciendo a los demás lo que están haciendo mal. Otro no se entera pues el miedo le ha hecho negar la dura realidad. Allá está Pedro llevando el timón, siguiendo las instrucciones de Cristo. Posiblemente alguno que se ha caído al mar, se está ahogando, y está esperando a que lo rescaten y suban de nuevo al barco.



En nuestro proceso interior todos hemos estado en diversas actitudes. La tormenta en que nos hemos visto envueltos no se la hubiera imaginado nadie. Es tremenda. Como en todo momento difícil, debemos ayudarnos, comprendernos, respetarnos, reconciliarnos, estar con los más afectados, cansados, confundidos o heridos. Sobrellevando las cargas del otro (Gal 6,2). Comprendo que haya decepción, tristeza y desconcierto. No es para menos.





Petición de perdón.



De todo corazón quiero pedir perdón a las personas a las que nuestro fundador haya afectado a causa de los actos inmorales en su vida personal y a las personas que se hayan sentido heridas por sus consecuencias. El P. Alvaro lo ha hecho y lo está haciendo en público y en lo personal, pero de nuevo pedimos perdón porque nos pesa sinceramente lo que la Iglesia y estas personas han sufrido.





Jesús está en la barca



Cuando estás en medio de la tormenta no ves las cosas claras, hasta que puedes tomar un poco de distancia, reflexionas, ves tus errores, comprendes mejor a los demás, vas recobrando fuerza para rehacerte y cumplir con tus responsabilidades sin evadir los problemas. No sabemos cuánto va a durar. “La vida no es dejar que pase la tormenta. Es aprender a bailar en la lluvia” (Vivian Greene). Esto va a tomar tiempo; vayamos aprendiendo a bailar y cantar en la lluvia con fe, con confianza y con amor. Ya hemos visto que con la gracia de Dios, es posible.



Lo más importante es que Jesús está en la barca, trata de mantenernos a todos a bordo, unidos y en confianza. Quiere llevarnos a la otra orilla, donde está Dios Padre esperándonos con los brazos abiertos.





Confianza sobrenatural



Después de darle muchas vueltas, llegué a la convicción de que debo tener confianza, pues fue Jesús quien me invitó. La barca son las mismísimas manos del Padre. En esas manos veo la Legión y el Regnum Christi, veo mi vida. En sus manos estamos seguros y en paz. Jesús nos dice: “Animo, soy yo. No tengáis miedo”. No se trata de no turbarse: María se turbó, Jesús se angustió en Getsemaní. Sino de aprender a sufrir con Jesús y a su estilo.



Me recomendaron un libro donde aparece un ejemplo que me gustó y lo aplico a nuestra situación. Si tiro esta pelota de frontón rebota, y rebota más alto del punto donde estaba. Si tiro un tomate, se queda allí aplastado, paralizado. Si tiro un huevo, se rompe. Las crisis en la vida pueden provocar un rompimiento, una parálisis o superación.



Puedes aplicar esto a cualquier circunstancia de tu vida: una enfermedad, la muerte de un ser querido, un asalto o un robo, caer en bancarrota, la traición de tu esposo o esposa, el engaño de un socio, tus propios pecados, cualquier desgracia que hayas tenido en la vida…. Ante las pruebas y desgracias, te puedes romper o puedes crecer. Con las virtudes teologales – fe, esperanza y caridad - : más fuerte es el golpe, más te superas. Si no, más fuerte el golpe, más seguro que te rompes. Las virtudes teologales son la vida de Dios en nosotros. Ver como Él ve, sentir como El siente. Si te dejas vencer por la desconfianza, te rompes y te hundes. Si tienes confianza sólo humana, no te rompes, pero tampoco creces. Si tienes confianza sobrenatural, te superas. Y si te has quebrado, no te sientas solo. Jesús ha estado siempre a tu lado cuando todo esto te sucedió. Él te ayudará a rehacerte. Él puede hacer nuevas todas las cosas.



Un viejo indio Cherokee le habló a su nieto sobre una batalla que se libra en el interior de las personas. Le dijo: “Hijo mío, la batalla es entre dos lobos que llevamos dentro. Un lobo es el pecado: la rabia, la impaciencia, la decepción, el rencor, el resentimiento, el odio, el deseo de venganza, el ego, el orgullo. El otro lobo es el bien: es el perdón, la misericordia, la paz, el respeto, la esperanza, la bondad, la compasión, la confianza, la humildad, el amor…”. El niño se quedó pensando y luego le preguntó a su abuelo: “Abuelo, ¿cuál lobo gana la batalla?”. El anciano le respondió: “Aquél al que tú alimentas”. ¿Cuál es el lobo que yo alimento?



En la entrevista que tuve con uno de los visitadores que nos asignó la Santa Sede, me preguntó: Cuando sus superiores le informaron a usted sobre los comportamientos inmorales en la vida de su fundador, ¿usted perdió el piso? ¿se le desmoronó todo? Le respondí: yo no estaba fundado en la persona de nuestro fundador. Se me desmoronaron las agarraderas humanas y eso es duro, pero la roca sobre la que estoy fundado está firme. Es la roca del amor de Dios. Estoy fundado sobre la certeza de que esta obra es de Dios y es a Dios a quien me he consagrado. Tengo el ancla echada para arriba. Y allá arriba hay roca firme. No perdí el norte. Mi modelo es uno: Jesucristo. Amo a Cristo más que nunca.



Hace dos años cayó en mis manos un video que me ha hecho un bien inmenso y quiero compartirlo con ustedes. Dura 10 minutos. Es de Rob Bell. Se titula “Rain”. Terminado el video les voy a traer aquí al estrado a un Amigo. Un Gran Amigo mío y de todos ustedes. Véanlo y luego continuaremos.



….





Continuamos esta reflexión ante Jesucristo, realmente presente en la Eucaristía.



Perdón si les hemos hecho el camino más difícil.



Me imagino cuántos momentos habrán tenido en la vida como esta caminata del video. Dios y cada uno de ustedes saben cuáles han sido sus momentos más difíciles.



En este contexto quiero decirles a todos que si algún sacerdote les ha hecho más difícil el camino de la vida, como hermano en el sacerdocio les pido sincero y profundo perdón por ello. Perdón por cualquier cosa que hayamos hecho o hayamos dejado de hacer que les haya provocado sufrimiento y desconcierto. Pidan por nosotros, para que Dios nos ayude, que Dios supla nuestra debilidad y seamos lo que tenemos que ser. Pidan mucho, para que cada sacerdote sea como Cristo, el Buen Pastor.





Lecciones que Dios me ha dado:



Les cuento de mi “tempestad en medio del mar”, mi “caminata en el bosque en día de tormenta” y algunas de las lecciones que Dios me ha enseñado.



Primera lección: Dios es un Padre bueno y puedo confiar en Él.



Me costó muchísimo seguir la vocación sacerdotal. Me fié de Dios. No entiendo algunas cosas que han pasado en mi camino, hay cosas muy desconcertantes, pero creo en la Providencia. Dios sabe más que yo. Yo no estoy aquí para darle lecciones a Dios de lo que debió o no permitir en mi vida y en la vida de Su Iglesia y de Su Legión. Dios se ha comportado conmigo como un Padre. Ha sido un padre bueno y comprensivo. Me veo en sus brazos y lo contemplo sanando mis heridas y las de quienes me rodean. Si ahora estamos donde estamos es gracias a Dios. Es Él quien nos ha sostenido. Dios conoce mejor que nadie nuestras miserias, nos tiene paciencia y compasión. Él comprende, el sabe. Dios es fiel, puedo confiar en Él. Dios me ama como soy y cree en mí. No tengo que merecer su amor. Es gratuito. Esto me da una profunda paz. Tengo un amor seguro que ha venido a buscarme y no me fallará jamás.



Segunda lección: Humildad.



Reconocer con humildad que hemos cometido errores. Debemos identificar las causas, asumir las consecuencias y corregir con determinación lo que haya que corregir para que no vuelva a suceder.



Reconocer con humildad también que Dios ha bendecido a la Legión de Cristo y al Regnum Christi en muchas cosas y que a nosotros corresponde cuidar esos talentos. No son para enterrarlos bajo tierra.



Humildad para aceptar que hay espacio para el misterio, que hay cosas que no entiendo ni podré entender.



Humildad para aceptar que cuando viví con nuestro fundador, no vi las cosas negativas que ahora conocemos; no las vi, sólo fui capaz de ver lo bueno y no me di cuenta de lo malo. Dios así lo permitió. Ahora que las conozco, me duele mucho constatarlo, me duele por las personas que han sufrido, me duele que se haya provocado desprestigio al sacerdocio católico. Oro por él, oro mucho por él. Lo acepto también como parte de mi historia aunque me haga sufrir el ser blanco de sospechas y desconfianza. Pero se lo ofrezco a Dios como reparación. Reparar es parte importante en la vida del sacerdote. Cuando el sacerdote ve pecados debe ser un estímulo para amar más y entregarse a Dios con más generosidad. Lo ofrezco por aquellas personas que han sufrido más y que se han sentido incomprendidas por poco o mucho tiempo. Lo ofrezco por la Iglesia que se ha visto dañada.



Humildad para reconocer el dolor tan grande que siento cuando me doy cuenta de que el instrumento del que Dios se valió para darme tantas cosas buenas, hizo también daño a otras personas. Tal vez algunas personas pueden sentirse incómodas con lo que voy a decir ahora y las comprendo: Humildad para reconocer y agradecer los bienes recibidos de Dios a través de él, que es lo más valioso que tengo en la vida: mi amor a Cristo, mi familia que son ustedes, la Legión de Cristo y el Regnum Christi. Mi vocación sacerdotal la recibí de Dios a través de él. Soy un sacerdote legionario feliz. Profundamente feliz. Debo ver las dos cosas, ambas son objetivas, ver con los dos ojos. Pero sobre todo ver desde la fe, ver con amor.



Una de las cosas que más me ha ayudado para ver la verdad en el amor, es la oración. He pasado muchas horas arrodillado frente a Cristo Eucaristía, he reclinado la cabeza sobre Él, en completo abandono, y le he suplicado: “Señor, dame fuerza; no quiero un corazón de piedra, darme un corazón de carne para amar como tú amas” (Ez 11,19). Esta es una de mis resoluciones: ser un sacerdote de más oración.



En la Legión y el Regnum Christi nos proponemos formar apóstoles que vayan por el mundo predicando el amor de Dios, con sencillez, con pasión, con coherencia. Pero lo primero y más importante es el punto de partida: conocer el amor de Dios, conocerlo por experiencia personal, hacer la experiencia del amor de Dios. En la práctica hemos dado mucha importancia a la dimensión conquistadora y apostólica, y está bien, pero tenemos que poner más medios para ayudarnos y ayudarles a crecer en la vida de oración.



Cuaresma: tiempo de conversión. El Santo Padre nos lo recordó el miércoles pasado en la audiencia: “La conversión no está solo en el inicio de la vida cristiana, sino que acompaña todos sus pasos, permanece renovándose y se difunde ramificándose en todas sus expresiones”. Hemos aprendido tantas lecciones y hemos visto cosas que debemos corregir y mejorar. Cada uno debe examinarse y tomar resoluciones. Aquí les comparto algunas.



Con humildad buscaremos tener un mayor sentido de servicio en todo lo que hagamos. Que todas las personas, sin distinciones de ninguna clase, encuentren por parte nuestra la atención personal que merecen. Ser sacerdotes cercanos, que escuchan, buenos amigos, bondadosos, asequibles, como Cristo Buen Pastor. Seguir insistiendo en la centralidad de la persona. La persona está al centro, no las instituciones. Queremos amar sin buscar nada a cambio. El amor no puede ser nunca una estrategia. Queremos tener exquisito cuidado en que ninguna persona se sienta usada o no debidamente valorada. Por esto buscaremos acomodarnos a cada uno, buscarlos donde están, no pedir más de lo que esté a su alcance. Ser muy comprensivos con todos. Comprender que hay una gradualidad en la entrega. Queremos purificar ese espíritu pragmático que a veces nos invade en nuestra forma de afrontar las cosas. No dar tanta importancia a los números y a los resultados por sí mismos.



Con humildad nos toca reconocer que en ocasiones hemos dado pasos más largos de nuestra capacidad, con el deseo de hacer mucho por Dios y por la sociedad, hemos buscado realizar muchas obras e iniciativas, pero debemos medir nuestras fuerzas y recortar donde haga falta.



Nos proponemos ser más humildes en nuestra forma de relacionarnos con todos. Ser transparentes en la comunicación. Queremos seguir aprendiendo a colaborar cada vez mejor, con humildad y sencillez, con otras instituciones, con las diócesis, parroquias y otras iniciativas de laicos comprometidos. Debemos dar más confianza a las personas, ser menos controladores. En nuestra pastoral, es urgente dar más atención al matrimonio y a la familia como familia.



Esto no es cosa sólo de los padres, esto es tarea de todos nosotros. Tercera lección: Misericordia.



Juan Pablo II dice que el amor en la vida terrena (que es una vida de pecado y de muerte) se manifiesta como misericordia. La misericordia es el nombre del amor en la tierra. El límite del mal es la misericordia.



He aprendido a comprender mejor la debilidad de la condición humana y a no juzgar a las personas. Esto es algo que corresponde sólo a Dios. Aquí me permito dar un consejo que va a tono con el tema de este encuentro: Si en el matrimonio o en la familia no se perdonan, el mal sigue avanzando. Tienes que poner un alto, un límite, con la misericordia. Dios perdona y olvida a través de la confesión. El sacrificio del amor es el olvido. Sacrificio por la persona amada no es sólo perdonarla sino olvidar. Tantas veces nosotros no olvidamos sino que nos las guardamos y nos recome por dentro o la sacamos una y otra vez, y es otra vez romper, herir. Eso no es amar. Pregúntale a Dios: ¿Qué pasaría si perdonara del modo en que tú lo haces? Elegir el perdón es renunciar al rencor y al resentimiento. Renunciar al orgullo y poner humildad. Renunciar a la dureza de corazón y poner misericordia. Tenemos una oportunidad de oro para dejar que el amor de Dios saque bien de aquí. La Providencia de Dios sabe por qué permite las cosas.





Compromiso:



Alguien puede decir: no es que no quiera, es que no puedo, no me sale. Lo que pasa entonces es que Cristo está aún dormido en tu barca. Grítale: “Despierta, Señor. Sálvame, Señor, que me hundo, me quiebro, la vida se me ha hecho amarga”. Dile que quieres. Si te has quedado sin vino o el vino se te ha hecho amargo, grítale que necesitas vino nuevo. María va a interceder por ti como en las bodas de Caná. El vino nuevo que necesitamos es el del perdón, de la reconciliación, de la humildad, de la misericordia, una vida de amor y reparación. Entender verdaderamente el poder de la misericordia puede cambiar nuestra vida para siempre.



“Señor, Tú fuiste capaz de multiplicar los panes, fuiste capaz de convertir el agua en vino. Ahora te pido que conviertas mi corazón”.



Es exigente. Sí. Es que el evangelio es exigente. Esta es una maravillosa oportunidad para dar testimonio de que el amor es más fuerte.



En la pintura vieron cómo había un rayo de luz en el horizonte. Está siendo un invierno crudo y largo, pero ya viene la primavera. La luz se ve en el horizonte. Creo que nuestra experiencia va a ayudarnos a todos a ver cómo Dios puede hacer muchas cosas con personas débiles. Les veo a ustedes y digo: realmente me entusiasma mi vocación y misión en el sacerdocio católico en la Legión de Cristo, su espiritualidad centrada en el amor de Dios, su amor al Papa, su fuerte sentido de misión.



Me entusiasma nuestro carisma, nuestra misión de formar apóstoles para ponernos al servicio de la Iglesia. Apóstoles que conozcamos, vivamos y transmitamos el amor de Dios con pasión.



Esta es mi familia. La familia a la que Dios me ha llamado. Debemos valorar con humildad las cosas buenas que Dios nos ha dado y en un clima de mucha oración, de obediencia y unidad, afrontar con honestidad lo que sea necesario para superarnos. Nos necesitamos los unos a los otros. Hemos entendido que aquí nos toca a todos arrimar el hombro. Este es un nuevo capítulo de nuestra historia. El panorama que tenemos por delante es apasionante aunque nada fácil. Y la responsabilidad está en nuestras manos. Jesucristo nos ha dicho: “ven”. Y si lo hace es porque él nos cree capaces de caminar sobre el agua. Dios no se burla de nosotros, Dios no quiere hacernos quedar mal, no quiere que nos quebremos o hundamos. Si te ha llamado y te dice, ven, es porque puedes. No te ha hecho pingüino con alas que no te permiten volar. Te ha hecho águila para volar muy alto. Vivamos este momento con virtud para subir más alto como la pelota y no ser frágiles como el huevo, ni quedarnos allí como un tomate aplastado. No estás solo. Dios te ayuda: “Te basta mi gracia, que mi fuerza se manifiesta en tu debilidad” (2Cor 12,9). Confía en Él, confía en ti mismo al menos tanto cuanto Dios confía en ti.



Damos gracias al Papa y a la Iglesia. Como el Papa acaba de decir la semana pasada: “La maternidad de la Iglesia es reflejo del amor solícito de Dios” (Benedicto XVI, 11 de febrero de 2010). Damos fe de que es así.



Termino dándoles las gracias también a todos ustedes por su apoyo. Su compañía humana y espiritual ha sido muy importante para nosotros. No se imaginan cuánto. Agradezco a mis hermanos sacerdotes, consagrados y consagradas, que están aquí dejando sus vidas. Se sacrifican todos los días por servir de la mejor manera posible a la sociedad y a la Iglesia. Gracias de corazón.



Y hoy renovamos nuestro compromiso de servirles mejor. Les amamos tanto a cada uno de ustedes y a sus familias, que queremos servirles mejor.



Hay una canción a María que me gusta mucho. Aquí, frente a Jesucristo Sacramentado, frente a este reto tan grande que tenemos delante, le digo a la Virgen de Guadalupe como dice la canción: “Sí, acepto Madre. Acepto tomar tu mano, subir al monte, besar la cruz, morir con Cristo. Sí, aunque es de noche, te estoy mirando, acepto Madre, morir por ellos, sembrar el mundo, si voy contigo. Sí, como tú María, a El le digo sí”.



Muchas gracias.























Ahora vamos a dialogar unos minutos con Cristo Eucaristía. Hagámoslo con sentido de reparación ofreciéndolo muy especialmente por los que más sufren. Rezaremos las letanías de la humildad y luego les daré la bendición con el Santísimo.



Se tuvo el canto: “Acepto Madre”.





Sí, acepto Madre, sí,

tomar tu mano, sí,

Subir el monte, besar la cruz,

¡morir con Cristo!

Sí, aunque es de noche, sí,

si te estoy mirando,

acepto Madre, morir por ellos,

sembrar el mundo,

si voy contigo…

Sí, acepto Madre, sí,

tomar tu mano, sí,

Subir el monte, besar la cruz,

¡morir con Cristo!

Sí, aunque es de noche, sí,

si te estoy mirando,

acepto Madre, morir por ellos,

sembrar el mundo,

si voy contigo…

Sí, como tú María, a Él le digo, ¡Sí!





(Y la lectura de 1 Cor 13, 1-8)



Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca

miércoles, 10 de marzo de 2010

Vocación al Regnum Christi

¡Venga tu Reino!

Estimados en Cristo,

Les envío un muy cordial saludo. Les exhorto a en estos tiempos vivir con más intensidad nuestra vocación al RC que Dios Nuestro Señor nos ha regalado. Cumplamos nuestros compromisos como miembros, oremos por todos los Legionarios de Cristo, consagrados(as), y demos testimonio público de todas las cosas hermosas que la Legión de Cristo y el MRC nos han regalado. Igual que ojalá y todos nosotros podamos asistir a estas Megamisiones que se acercan. Encomendémonos mucho.

Afmo en Jesucristo,
RC Members

lunes, 8 de marzo de 2010

Bienvenidos/Welcome

¡Venga tu Reino!

Muy estimados en Jesucristo,

Les envío un muy cordial saludo. Este blog nació para todos los miembros y amigos del Movimiento Regnum Christi, donde se pueda encontrar diálogo entre ellos, y análisis de acuerdo a la caridad y justicia cristiana de los momentos difíciles en los cuales la Legión de Cristo y nuestro Movimiento están pasando. Igual servirá como ayuda para todos aquellos miembros que estén dudando acerca de la misión del RC en la Iglesia. Mucho ánimo. Invito a que todos los miembros participen en el blog e inviten a más gente a él. Los encomiedo mucho a todos en mis oraciones.

Afmo. en Cristo y el Movimiento,
RC Member